viernes, 12 de septiembre de 2008

Perdón (no disculpe) por la insistencia

Por demás conocida es la funesta afición de la derecha oligárquica, reaccionaria y antipopular (D.O.R.A.) y sus siniestros tecnócratas por rodear a la economía de un manto de misterio en el intento de hacernos creer que se trata de una materia oscura y extremadamente compleja para cuyo entendimiento sólamente se encuentran preparados unos pocos cerebros privilegiados (Oh casualidad! los de ellos, claro). Pues bien, los progresistas de verdad hemos comprendido hace tiempo lo inexacto de dicha falacia; sabemos que para que la economía de un país funcione como es debido se necesitan pocos elementos, entre ellos muchos impuestos para quitar la riqueza de las manos en las que de manera injusta se encuentra, y , como no, muchos subsidios para apoyar a aquellos que la merecen y no la tienen (PANES), las empresas amigas del progresismo que proyectan al país hacia el futuro (CUTCSA), y los emprendimientos generadores de riqueza (como el de los cañeros de Bella Unión, que han hecho temblar al oligopolio mundial de la industria azucarera). Bien, dirán ustedes a que viene esta escueta introducción: recordar que hace algunas semanas desde esta pequeña parcela del cyberespacio compañero lanzábamos la idea de subsidiar, entre otros medios de difusión de las ideas de la revolución, este humilde blog. Pues lo cierto es que hasta este momento no hemos tenido respuesta alguna de las autoridades competentes (muy competentes, agrego). Sabemos que tienen ellas grandes desafíos a los que dedicar su precioso tiempo, pero deben de comprender que no se trata de un asunto menor. No es que estemos en busca de bienes materiales a fin de derrocharlos en la ostentación, la lujuria y otras inmundicias que hacen al decadente estilo de vida burgués. Nosotros, al igual que el resto del progresismo necesitamos del vil metal con dos objetivos muy claros: En primer lugar alejarlo de las manos de los codiciosos de siempre, evitando que nuestro pueblo caiga en la fatal tentación del consumismo. Y por último pero no menos importante, utilizarlo para fomentar la conciencia revolucionaria en las desprotegidas masas. Recordad que la D.O.R.A. nunca duerme, y en estos precisos instantes se encuentran como arrastradas ratas tratando de roer los cimientos de las columnas del progresismo. Actuemos antes que sea demasiado tarde. Pensamos que con unos veinte mil de los verdes mensuales para empezar estaría bien. Den por seguro que cada centavo invertido en tan justa causa sabrá multiplicarse por mil en el bienestar del pueblo. ¡La causa de los pueblos no admite la menor demora, y que pague más el que tiene más!

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